domingo, 10 de marzo de 2013

Miau

Recordad este enlace que, aunque no es completo, tiene una edición muy anotada:
http://books.google.es/books?id=IpFtbpoZA5gC&pg=PA87&lpg=PA87&dq=cuernos+de+mimbre+juguete&source=bl&ots=gMrThYiQ9x&sig=G2lS-Iq2Nqz43mSmtmrabmywxRM&hl=es&sa=X&ei=aMCjUISUAeWe0QXsp4DYCg&ved=0CDcQ6AEwBA#v=onepage&q=cuernos%20de%20mimbre%20juguete&f=false

                                                         FICHA DE LECTURA

1.¿A qué personajes se refieren las siguientes descripciones?

a) “Abriole la puerta una señora cuya cara podía dar motivo a controversias numismáticas, como la antigüedad de ciertas monedas que tienen borrada la inscripción, pues unas veces, mirada de perfil y a cierta luz, daban ganas de echarle los sesenta, y otras el observador entendido se contenía en la apreciación de los cuarenta y ocho o los cincuenta bien conservaditos.
Tenía las facciones menudas y graciosas, del tipo que llaman aniñado, la tez rosada
todavía, la cabellera rubia cenicienta, de un color que parecía de alquimia, con cierta efusión
extravagante de los mechones próximos a la frente. Veintitantos años antes de lo que aquí se
refiere, un periodistín que escribía la cotización de las harinas y las revistas de sociedad,
anunciaba de este modo la aparición de aquella dama en los salones del Gobernador de una
provincia de tercera clase: «¿Quién es aquella figura arrancada de un cuadro del Beato
Angélico, y que viene envuelta en nubes vaporosas y ataviada con el nimbo de oro de la
iconografía del siglo XIV?». Las vaporosas nubes eran el vestidillo de gasa que la señora de
Villaamil encargó a Madrid por aquellos días, y el áureo nimbo, el demonio me lleve si no era la
efusión de la cabellera, que entonces debía de ser rubia, y por tanto cotizable a la par,
literariamente, con el oro de Arabia.
Cuatro o cinco lustros después de estos éxitos de elegancia en aquella ciudad provinciana,
cuyo nombre no hace al caso, doña 1_______________, que así se llamaba la dama, en el momento aquel de abrir la puerta a su nietecillo, llevaba peinador no muy limpio, zapatillas de fieltro no muy limpio, zapatillas de fieltro no muy nuevas, y bata floja de tartán verde”.

b) Acercose el muchacho, y una mujerona muy grandona echó los brazos fuera del biombo
para cogerle en ellos y acariciarle: «¡Qué tontín! Pasas sin decirme nada. Aquí te tengo la
merienda. 2 ______________ fue a las diligencias. Estoy sola, cuidando la oficina, por si viene alguien.
¿Me harás compañía?».

La señora de 3 ________________ era de tal corpulencia, que cuando estaba dentro del escritorio
parecía que había entrado en él una vaca, acomodando los cuartos traseros en el banquillo y
ocupando todo el espacio restante con el desmedido volumen de sus carnes delanteras. No
tenía hijos, y se encariñaba con todos los chicos de la vecindad, singularmente con Luisito,
merecedor de lástima y mimos por su dulzura humilde, y más que por esto por las hambres que
en su casa pasaba, al decir de ella. Todos los días le reservaba una golosina para dársela al
volver de la escuela. La de aquella tarde era un bollo (de los que llaman del Santo) que estaba
puesto sobre la salvadera, y tenía muchas arenillas pegadas en la costra de azúcar. Pero
Cadalsito no reparó en esto al hincarle su diente con gana. «Súbete ahora -le dijo la portera
memorialista, mientras él devoraba el bollo con grajea de polvo de escribir-; súbete, cielo, no
sea que tu abuela te riña; dejas los libritos, y bajas a hacerme compañía y a jugar con Canelo».

c) En este punto apareció otra señora muy parecida a la anterior en la corta estatura, en lo
aniñado de las facciones y en la expresión enigmática de la edad. Vestía chaquetón
degenerado, descendiente de un gabán de hombre, y un mandil largo de arpillera, prenda de
cocina en todas partes. Era la hermana de doña 4______________, y se llamaba 5 ____________

d) También aquella hembra se parecía algo a las otras dos, salvo la diferencia de edad. Era 6 __________________, hija de Doña 7 ________________ , y tía de Luisito Cadalso. La madre de este, 8__________________, había muerto cuando el pequeñuelo contaba apenas dos años de edad. Del padre de este, 9 ______________________, se hablará más adelante.

e) Reunidas las tres, picotearon sobre el caso inaudito de que 10__________________(novio titular de Abelarda, que obsequiaba a la familia con billetes del Teatro Real) no hubiese aparecido a las cuatro y media de la tarde, cuando generalmente llevaba los billetes a las dos.
f) «Me he quedado helado» dijo D. 11____________________, esposo de doña Pura; el cual era un hombre alto y seco, los ojos grandes y terroríficos, la piel amarilla, toda ella surcada por pliegues enormes en los cuales las rayas de sombra parecían manchas; las orejas transparentes, largas y pegadas al cráneo, la barba corta, rala y cerdosa, con las canas distribuidas caprichosamente, formando ráfagas blancas entre lo negro; el cráneo liso y de color de hueso desenterrado, como si acabara de recogerlo de un osario para taparse con él os sesos. La robustez de la mandíbula, el grandor de la boca, la combinación de los tres colores negro, blanco y amarillo, dispuestos en rayas, la ferocidad de los ojos negros, inducían a comparar tal cara con la de un tigre viejo y tísico, que después de haberse lucido en las exhibiciones ambulantes de fieras, no conserva ya de su antigua belleza más que la pintorreada piel...
Dio11 ________________________________ un gran suspiro, elevando los ojos en el techo. El tigre inválido se transfiguraba. Tenía la expresión sublime de un apóstol en el momento en que le están martirizando por la fe, algo del San Bartolomé de Ribera cuando le suspenden del árbol y le descueran aquellos tunantes de gentiles, como si fuera un cabrito. Falta decir que este 11 __________________era el que en ciertas tertulias de café recibió el apodo de Ramsés II .
Pues el pobre D. 11 _________________, cuando cierre el ojo, se irá derecho al Cielo. Es un santo y un mártir. Créete que si yo le pudiera colocar, le colocaba. ¡Me da una lástima! Con aquellas miradas que echa parece que se va a comer a la gente ¡pobre señor!, y se la comería a una, no por maldad, sino por puras hambres (clavándose en el pelo la cuarta aguja). Da miedo verle. Yo no sé cómo el señor Ministro, cuando le ve entrar en las oficinas, no se muere de miedo y le coloca por perderle de vista.
-11________________________ -dijo Mendizábal con suficiencia-, es un hombre honrado, y el Gobierno de ahora es todo de pillos. Ya no hay honradez, ya no hay cristiandad, ya no hay justicia. ¿Qué es lo que hay? Ladronicio, irreligiosidad, desvergüenza. Por eso no le colocan, ni le colocarán mientras no venga el único que puede traer la justicia.
El buen 1____________________ sintió un gran alivio en su alma cuando las vio salir. Mejor que su familia le acompañaba su propia pena, y se entretenía y consolaba con ella mejor que con las palabras de su mujer, porque su pena, si le oprimía el corazón, no le arañaba la cara, y doña Pura, al cuestionar con él, era toda pico y uñas toda.

g) «Abrígate bien -le dijo Paca besándole otra vez y envolviéndole la bufanda en el cuello-. Ya podrían comprarte unos guantes de lana. Tienes las manos heladitas, y con sabañones. ¡Ah, cuánto mejor estarías con tu tía 12____________________! ¡Vaya, un beso a Mendizábal, y hala! Canelo irá contigo».
h) Desde cierta ocasión en que Canelo tuvo unos ladridos con otro perro, inquilino en la casa de 13 ______________________, adoptó el temperamento prudente de no subir y esperar en la calle a su amigo. Este subió al segundo, donde el incansable protector de su abuelo vivía; y el criado que le abrió la puerta púsole aquella noche muy mala cara. «El señor no está». Pero Luisito, que tenía instrucciones de su abuelo para el caso de hallarse ausente la víctima, dijo que esperaría. Ya sabía que a las siete infaliblemente iba a comer el señor 13 ___________________________ . Sentose el chico en el banco del recibimiento. Los pies no le llegaban al suelo, y los balanceaba como para hacer algo con qué distraer el fastidio de aquel largo plantón.
Era un señor muy bueno, según opinión de Luis, el cual, no entendiendo la expresión ligeramente ceñuda que tenía en su cara lustrosa el próvido funcionario, se figuró que haría aquella noche lo mismo que las demás. Cadalsito recordaba muy bien el trámite: el señor de 13 ____________________, después de leer la carta de 12_______________, escribía otra o, sin escribir nada, sacaba de su cartera un billetito verde o encarnado, y metiéndolo en un sobre se lo daba y decía: «Anda, hijo; ya estás despachado». También era cosa corriente sacar del bolsillo duros o pesetas, hacer un lío y dárselo, acompañando su acción de las mismas palabras de siempre, con esta añadidura: «Ten cuidado, no lo pierdas o no te lo robe algún tomador. Mételo en el bolsillo del pantalón... Así... guapo mozo. Anda con Dios».
Aquella noche, ¡ay!, en pie, delante de la mesa de ministro, observó Luis que 13 ________________________________ escribía una carta, frunciendo las peludas cejas, y que la cerraba sin meter dentro billete ni moneda alguna. Notó también el niño que al echar la firma, daba mi hombre un gran suspiro, y que después le miraba a él con profundísima compasión.
«Que usted lo pase bien» dijo Cadalsito cogiendo la carta; y el buen señor le puso la mano en la cabeza. Al despedirle, le dio dos perros grandes, añadiendo a su acción generosa estas magnánimas palabras: «Para que compres pasteles». ¡Salió el chico tan agradecido...! Pero por la escalera abajo le asaltó una idea triste: «Hoy no lleva nada la carta». Era, en efecto, la primera vez que salía de allí con la carta vacía. Era la primera vez que D. 13 ___________________________le daba perros a él, para su bolsillo privado y fomentar el vicio de comer bollos. En todo esto se fijó con la penetración que le daba la precoz experiencia de aquellos mensajes. «Pero ¡quién sabe! - dijo después con ideas sugeridas por su inocencia-; ¡puede que le diga que le colocan mañana...!
h) Y así como te digo esto, te digo también que tienes razón en quejarte de 14_______________________. Es un ordinario, un mal criado, y ya le restregaré yo una guindilla en la
lengua cuando vuelva a decirte Miau. Por supuesto que esto de los motes debe llevarse con paciencia; y cuando te digan Miau, tú te callas y aguantas. Cosas peores te pudieran decir».

2) ¿Quiénes son las Miau y qué parentesco tienen con Luisito?

3) ¿Quién es El Canelo? Descríbelo.

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